diario de una superviviente

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qué susto, madre, qué susto!

hace escasos minutos me dirigía a dar una vuelta rutinaria por mi casa a fin de comprobar que todo estaba en orden. la ventana que da al patio de luces estaba un pelín abierta y me dije… “por qué no?” tengo bastante experiencia en explorar desde las ventanas de un cuarto piso (para desgracia de los nervios de mi madre), así que pasé por esa pequeña rendija de la ventana corredera y pude ver los tendales de los vecinos, respirar ese aire lleno de calma y silencio y ver abajo de todo, el suelo del patio de luces. di unos pasos pegadita a la ventana utilizando su marco exterior para apoyarme y cuando decidí que ya había llegado de paseo… no había salida hacia delante! la única salida posible era marcha atrás! a ciegas! por esa rendija minúscula por la que me había colado! sin posibilidad física de dar la vuelta sin caer al vacío! un vacío-lleno además de coderles de ropa que podían destrozar mi columna vertebral! mierda!!

empecé entonces con la estrategia cobarde. lancé quejidos lastimeros durante varios minutos sin respuesta. desesperada estaba ya hasta que oí sonidos en la casa. maullé más. mi madre me llamó. seguí maullando. me llamaba recorriendo toda la casa pero no llegaba hasta mí. qué desesperación! de pronto sentí ruidos en la cocina. era ella que se acercaba! salió al bacón con la cara medio desencajada, como esperando encontrarme abajo, en el suelo, y agonizante… pero me vio! me habló muy bajito y abrió la ventana. el rescate hubiera sido perfecto si acto seguido no se hubiese puesto a achucharme una y otra vez y otra y otra. y a darme besos de esos que dan las señoras mayores, todos seguidos, que parece que nunca se acaban.

me voy a descansar, que tanta emoción no es sana.

infortunios diarios

tengo un problema. no sería un problema si mis padres entendiesen mis necesidades, pero el caso es que no las entienden… y así me va.

desde finales de enero siento (a ratos, cada 20 días) unos deseos irrefrenables de abalanzarme sobre los gatos no nenucos del mundo… pero no tengo ninguno a mano. hasta mis amigos de facebook han sido castrados. los de mi ciudad, claro. los otros… están lejos y no me sirven para nada. no tengo nada en contra del cyber sexo, pero a mí no me llama.

por otra parte, en las últimas ocasiones que me ha dado el arrebato, he sentido la imperiosa necesidad de marcar con MIolor MI propiedad… y a mis padres no les ha gustado. qué problema tendrán ellos (digo yo) en que orine en tres o cuatro sitios de cada habitación? pues nada, que esos días me toca quedarme recluida en el pasillo y mi aseo. dictadores!!

para más inri, sigo con visitas periódicas al señor del termómetro ¬¬. desde hace meses (desde finales del año pasado) tengo un hongo que me toca bastante la moral. he pasado ya por tres jarabes distintos, dos pomadas y dos champús. no, ya no hace falta que nadie me explique ya qué es cada cosa, que los he probado de todos los colores.

pero la vida tiene también sus cosas buenas…  ahora, con el calorcito, cada vez que ventilan una habitación entra una mosca… y tengo marisquito asegurado. supongo que eso debería compensar todo lo demás.

=º.º=

pd.- les he pillado diciendo que en cuanto pasen 30 días sin celo me mandan al señor del termómetro a que me quite las ganas de sexo. más señor del termómetro noooOOOOOooooOOOOO!!!

#~|%\”&¬!!!

estoy agotada. hoy ha sido un horror de día. hace un rato, para intentar rematarme, mi madre me ha dado un jarabe nuevo que sabe fatal (yo que ya me había acostumbrado al otro…). pero lo peor sucedió por la mañana… sí, de nuevo me llevó a la casa del señor del termómetro… Y – NO – ME – GUS – TA!!!!

#~|%\”&¬!!!

(por respeto a mis lectores no transcribiré el audio)

… … … H*J*S D* P*RR******!!!!

no. el champú definitivamente no me ha gustado. muchas gracias a todos por avisar de qué iba el rollo.

… me vengaré…

jarabe y champú, esos grandes desconocidos

hoy mamá me ha metido en el transportín y hemos ido a la casa del señor del termómetro. olía como siempre, hablaban como siempre y aflojaron todos los cierres de mi transportín como siempre. yo… sólo me dediqué a gruñir desde que entramos.

el caso es que no me hicieron nada. me miraron, hablaron de mí, me dieron una chuche (que yo comí vorazmente mientras seguía gruñendo, por si se confiaban) y le dieron a mamá dos botes: a uno le llamaron jarabe y a otro champú. todavía no tengo claro qué son o para qué sirven, pero supongo que acabaré averiguándolo. estoy reuniendo datos:

champú: es una bote con una cosa que huele raro. el señor del termómetro dijo que tenían que ponérmelo cada cuatro días (o siete si era muy complicado), dejarlo reposar tres o cuatro minutos, quitarlo, ponerlo, esperar otra vez y volver a quitarlo bien. así durante un mes, más o menos. no sé aún cuál es el modo de poner o quitar un champú o qué grado de complicación puede tener, pero estaré atenta.

jarabe: es un bote que trae una especie de jeringuilla y dicen que han de dármelo siete días sí, siete días no, hasta completar un ciclo de cinco semanas. la jeringuilla no tiene aguja como las del señor del termómetro, así que dudo mucho que me lo puedan dar, BWAHAHAHAHA…

adiós, dientecillos, adiós…

adoro mordisquear cosas. sentir el inmenso placer de tener entre mis dientes un dedito tierno, una pelota de goma o cualquier cordel que alguien mueva desde el otro extremo… trrrrrrrr…

a mis casi cinco meses de vida… se me caen los dientes!!! y ahora qué? eh? y ahora qué?

la casa del señor del termómetro

es el lugar más horrible que me he visto obligada a visitar en toda mi vida consciente. sí, he dicho obligada. sin aviso previo, entre juegos, acabo en el transportín y salimos de casa. yo, feliz de ver el mundo exterior, ronroneo, solicito amablemente atención y mimos y me muero de ganas de salir a inspeccionar el universo que me rodea… pero a veces acabamos allí.

la casa del señor del termómetro huele raro. para despistar, en la sala de entrada tiene todo lleno de jugueeetes colgados en las paredes, sacos de comiiida, premios… alucinante. creí que había llegado al paraíso… hasta que me metieron en la sala de la mesa de metal.

mi madre (traidora!) posó el transportín en la mesa y me sacó. poco después entró en la sala el señor del termómetro. intercambió algunas palabras con ella en lo que me pareció una conversación bastante amigable (más que traidora!) y empezó la tortura. no fue la única ocasión. en lo que llevo de vida ya me han obligado a sufrirlo unas siete veces!

vale que me coja del pellejo, vale que me abra los ojos o la boca más de la cuenta. vale que palpe mi tripa como si yo no fuese más que una muñeca de trapo. todo eso lo podría soportar si después no llegase la horrible parte del termómetro (en el culo nooooooooooo!!). y a veces me pincha. y a veces me pincha DOS veces.

con el tiempo he conseguido asustarlo lo suficiente como para que necesite ayuda para torturarme de ese modo. la última vez que pasé por su sala me agarraban tres personas (c*br*n*s, os la guardo) mientras él me hacía maldades. el teléfono sonó y nadie pudo cogerlo (MUAHAHAHA…). como lo intente otra vez me llevaré uno de sus dedos como trofeo.

y luego viene la parte en la que, tras la tortura, los cómplices se me acercan ofreciendo mimos y cosas ricas. no tengo claro si es una muestra de arrepentimiento temporal o creen que soy tonta y compensan el mal trago con cuatro tonterías. sea como fuere, yo me como las chuches, que tampoco están los tiempos como para andar despreciándolas.

cuando todo acaba, pasamos de nuevo a la sala de los juguetes en las paredes. suele haber otros humanos allí, como esperando, que hacen comentarios absurdos cuando salimos:

“pero esa cosa tan pequeña era la que hacía tanto jaleo?”

señora, si el señor del termómetro quisiese entrar en su culo me comprendería.